Davos 2026: El liderazgo no se declara, se construye.

El Foro Económico Mundial en Davos Acaba de cerrar sus puertas y, tras días de debates sobre IA, geopolítica y economía, me queda una conclusión que quema en las manos: la inclusión ha dejado de ser una cuestión de «buena voluntad» para convertirse en un problema de rendimiento puro y duro.

Llevamos décadas hablando de cerrar brechas, de romper techos de cristal y de alcanzar porcentajes. Sin embargo, los datos de este 2026 nos lanzan un jarro de agua fría: el progreso está estancado. ¿Por qué, a pesar de las leyes y la presión social, no avanzamos al ritmo que el mundo exige?

Como CEO de Women on Board, tengo una respuesta clara que veo cada día en el corazón de las organizaciones: hemos confundido la intención con la infraestructura.

El error de la «soledad del número»

Las empresas se han esforzado en cumplir con la cuota, en poner el nombre de una mujer en un despacho o en una silla del Comité. Pero muchas veces, ese esfuerzo termina ahí.

El dolor real que observo a diario en las empresas es el de mujeres con un potencial extraordinario, que operan en soledad profesional. Líderes que, al no tener una arquitectura interna que las sostenga, terminan sufriendo un desgaste acumulado que las expulsa del sistema.

El coste de esa soledad no es emocional, es un coste de negocio. Es pérdida de innovación, es fatiga en la toma de decisiones y es, sobre todo, una fuga de talento que las empresas no pueden permitirse en un entorno tan volátil como el actual.

De la narrativa a la evidencia (CSRD y más allá)

Davos 2026 nos ha hecho un recordatorio urgente: la era de los intangibles se ha acabado. Con la entrada en vigor de normativas como la CSRD, la cultura de liderazgo de una empresa ya no puede ser una «opinión» en una memoria anual. Tiene que ser un dato.

El mercado ya no pregunta qué «quieres» hacer por la igualdad; pregunta qué estás midiendo y qué evidencia tienes de que ese liderazgo es sostenible.

La red es la infraestructura

En WOB, nuestra filosofía parte de una premisa disruptiva: el liderazgo sin red carece de infraestructura. No necesitamos más charlas motivacionales. Necesitamos construir ecosistemas que conecten a las líderes, que les den soporte estratégico y que conviertan su impacto en una ventaja competitiva real.

Cuando una mujer líder tiene una red, no solo sobrevive: transforma. Y cuando esa transformación se mide, la empresa lidera.

El 2026 no nos va a juzgar por nuestros planes de igualdad guardados en un cajón, sino por la solidez de las estructuras que fuimos capaces de crear para que el talento, de una vez por todas, deje de ser una excepción para ser la norma.

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