Hablar de masculinidad no frena la igualdad. La hace posible

Una paradoja que empieza a emerger

Durante la última década, el avance en igualdad de género ha sido incuestionable. Sin embargo, los datos más recientes empiezan a mostrar una paradoja incómoda: en algunos contextos, la forma en que estamos impulsando la igualdad está generando resistencia social en lugar de consolidación.

Informes de la OCDE, el World Economic Forum y la Organización Mundial de la Salud apuntan a tendencias que conviene analizar con rigor: aumento de la sensación de agravio y desorientación en hombres jóvenes, mayor polarización frente a los discursos de igualdad y crecimiento de narrativas reactivas que, en el entorno digital, están demostrando ser más eficaces que los relatos institucionales.

No estamos ante un problema ideológico.
Estamos ante un problema de diseño.

Cuando el cambio se vive como suma cero

Cuando los procesos de transformación se perciben como un juego de suma cero, unos avanzan, otros pierden, la resistencia es previsible. Ocurre en cualquier cambio organizativo mal planteado. La igualdad no es una excepción.

Los sistemas que avanzan sin integrar a todas las partes implicadas no se consolidan: se tensionan. Y los sistemas tensionados no transforman bien; reaccionan.

El gran malentendido: masculinidad vs. liderazgo femenino

Aquí surge uno de los grandes errores del debate actual. Hablar de masculinidad no resta espacio al liderazgo femenino. Ocurre justo lo contrario.

La evidencia en entornos organizativos muestra que los avances en igualdad son más sólidos cuando evolucionan también los roles masculinos, la corresponsabilidad y los modelos de liderazgo. Cuando esto no ocurre, el liderazgo femenino queda excesivamente apoyado en el esfuerzo individual de las mujeres, lo que lo vuelve más frágil y más costoso.

La nueva masculinidad como pieza estructural

La llamada “nueva masculinidad” no es una agenda paralela ni una concesión simbólica. Es una pieza estructural del mismo proceso de transformación.

Sin ella, el avance en igualdad depende del heroísmo individual.
Con ella, el cambio deja de ser excepcional y empieza a funcionar como sistema.

Qué están entendiendo las organizaciones más maduras

Las organizaciones más avanzadas ya están incorporando este enfoque. Normalizar la corresponsabilidad, ampliar los referentes masculinos y adoptar estilos de liderazgo menos rígidos no debilita la exigencia ni la ambición.

Al contrario:
mejora la toma de decisiones, reduce el desgaste y fortalece la legitimidad interna y externa.

Diseñar bien importa tanto como avanzar rápido

La igualdad que perdura no se impone ni se corrige al final del camino. Se diseña desde el inicio, integrando a todas las personas que forman parte del sistema.

En un contexto de alta complejidad social, económica y tecnológica, diseñar bien importa tanto como avanzar rápido.

Hablar de masculinidad no frena la igualdad.
La hace posible.

Comparte este post: