Participar en el Focus Group #DóndeEstánEllas, organizado por la Oficina del Parlamento Europeo en España, confirma algo que a veces se olvida: la igualdad no avanza solo con voluntad, sino con instituciones capaces de mirarse a sí mismas con honestidad.
Y eso es exactamente lo que ocurrió en este encuentro.
No fue un espacio de reproche, lo que agradecemos, sino un ejercicio de madurez democrática.
Una conversación entre instituciones, organizaciones y expertas para entender por qué, tras 40 años de España en la Unión Europea, seguimos preguntándonos lo mismo: ¿dónde están ellas?
A lo que añadiría, ¿qué hacemos para que estén donde deben estar?
La representación no es una cuota: es un indicador de salud institucional
Hay quien reduce esta cuestión a una disputa ideológica, pero en realidad estamos hablando de algo más simple: la calidad de nuestras decisiones.
Un ecosistema donde solo participa una parte del talento disponible es un ecosistema empobrecido.
No por corrección política, sino por precisión estratégica.
Cuando las mujeres no aparecen en congresos, paneles, debates o puestos de opinión experta, no es solo un problema de visibilidad: es un problema de arquitectura institucional.
Iniciativas como #DóndeEstánEllas no nacen para señalar culpables, sino para recordar que la representatividad también es una competencia institucional, igual que la transparencia o la gobernanza.
El Parlamento Europeo lo sabe, porque Europa aprendió a base de historia que las instituciones solo se sostienen cuando se revisan a sí mismas.
Y revisar quién habla, quién decide y quién interpreta es parte de esa responsabilidad.
No es confrontación. Es construcción colectiva.
Uno de los mayores errores del debate público es plantear la igualdad como un pulso.
Cuando se habla con datos, con cultura institucional y con visión de país, desaparece la confrontación y aparece la responsabilidad compartida.
La pregunta entonces, no es “por qué no están”, sino:
“¿Qué estructuras, hábitos y dinámicas deberíamos mejorar?”
Algo que necesitan las organizaciones que aspiran a ser referentes.
Qué aporta WOB en este contexto
En WOB llevamos años trabajando precisamente en eso, acompañar a las organizaciones a desarrollar liderazgo, cultura y estructuras internas que hagan que la igualdad no sea un gesto, sino un sistema.
Programas de liderazgo que fortalecen visión, criterio y narrativa profesional.
Métodos de acompañamiento que sostienen a quienes toman decisiones.
Redes que generan información, contraste y diversidad de pensamiento.
En esencia:
el trabajo que permite que “ellas” estén porque deben estar, no porque haya que buscarlas.
La igualdad no se alcanza con discursos, sino con cultura.
Con reglas claras.
Con estructuras que sostienen.
Con liderazgos que entienden que una democracia moderna no se construye desde la homogeneidad, sino desde la pluralidad.
Y ahí, al menos desde WOB, queremos seguir trabajando:
en la parte constructiva, estratégica y transformadora.
No en la confrontación, sino en lo que realmente cambia las cosas.